Santo Domingo RD.- Detrás de las luces encandilantes de la era disco, las armonías vocales impecables y los cientos de millones de discos vendidos por los Bee Gees, se esconde la historia de una mujer cuya fortaleza sostuvo a una de las dinastías más grandes en la historia de la música.
Sobrevivir a la partida de tres de sus cuatro hijos
Su nombre era Barbara Gibb, la madre que le dio al mundo el talento de Barry, Robin, Maurice y Andy Gibb, pero que también tuvo que soportar la prueba más desgarradora para cualquier ser humano: sobrevivir a la partida de tres de sus cuatro hijos y a la de su compañero de vida.
Barbara, nacida en Inglaterra en 1920 y ex cantante de grandes bandas, fue la primera en detectar que sus pequeños tenían un don divino para la música. Fue ella quien alimentó el sueño de la familia, acompañándolos desde las calles de Mánchester hasta las playas de Australia y los escenarios más gigantescos del planeta. Sin embargo, la inmensa gloria vino acompañada de una cadena trágica que golpeó a su puerta una y otra vez.
El primer golpe desgarrador llegó en 1988 con la trágica partida de su hijo menor, Andy Gibb, el ídolo juvenil de los 70 que falleció por una afección en el corazón a los 30 años.
Apenas cuatro años después, 4 días antes del cumpleaños de Andy en 1992, Barbara perdió a su esposo Hugh Gibb, el patriarca que había impulsado los primeros pasos del grupo.
Pero el dolor no terminó ahí: en 2003, la partida repentina de Maurice Gibb tras una complicación intestinal conmocionó al mundo y destrozó el núcleo de los Bee Gees. Casi una década más tarde, en 2012, el destino la volvió a golpear con la partida de Robin Gibb.
Ver partir a tres de sus hijos y a su esposo fue un peso monumental que Barbara sobrellevó con una dignidad y elegancia admirables hasta el día de su propia partida en 2016, a los 95 años de edad.
En sus últimos años, Barbara permaneció siempre cerca de Barry Gibb el único hermano superviviente, recordándole al mundo que detrás de cada melodía eterna de los Bee Gees no solo había talento, sino la valentía y el amor incondicional de una madre que nunca dejó de cantar