Santo Domingo RD.- Cuenta que a los 15 años mi papá me golpeó tan fuerte que me rompió la ceja. Sangré en el suelo de la cocina. Mi madre me llevó al hospital. Dije que me había caído.
Esa mentira me acompañó 10 años.
Nací en Barbados. Una isla pequeña donde todo el mundo conoce a todo el mundo. Mi padre era adicto al crack y al alcohol. Veía cómo mi madre lo aguantaba todo. Él llegaba borracho, rompía muebles, gritaba. Yo me escondía debajo de la cama con mis hermanos. Tapaba los oídos.
A los 16 años me fui a Estados Unidos. Firmé un contrato con Jay-Z. Él me dijo: "Rihanna, vas a ser enorme". Pero por dentro yo era diminuta.
Pequeña. Asustada.
En 2009 Chris Brown me pegó. Otra vez sangre. Otra vez mentiras a la policía. Otra vez "me caí". Pero esta vez las fotos salieron filtradas. El mundo vio mi cara hinchada. Mis labios rotos. La vergüenza más grande de mi vida se transmitió en cada telediario.
Me fui a terapia. Descubrí que repetía el patrón de mi madre: aguantaba a hombres que me golpeaban porque creía que merecía ser golpeada. Un día mi terapeuta me dijo: "Rihanna, ¿qué le dirías a tu hija si le pasara esto?". Y entendí. No tenía que ser la chica fuerte. Tenía que ser la chica que se va.
Hoy soy empresaria. Dueña de Fenty. La mujer más rica de la música. Pero lo que más me enorgullece es mi línea de cuidado de la piel para mujeres con cicatrices. Las mías las tengo en el alma. Las de ellas en la cara. Y las mostramos sin maquillaje.
La violencia no es un destino. Es un error que puedes dejar de repetir.
Si hoy alguien te levanta la mano, no le perdones porque "te quiere". Levántate, vete y nunca mires atrás. La segunda oportunidad no se la dan a los que pegan. Se la das a ti misma.