Santo Domingo RD.- Antonio Espaillat parecía, en su momento, un tipo cercano, incluso “chévere”. Muchos de los que alguna vez fuimos a Jet Set a disfrutar de un gran espectáculo, recordamos un ambiente donde predominaba el trato afable tanto hacia los clientes como hacia las figuras artísticas que se presentaban. Había una sensación de orden, de atención cuidada, de negocio bien llevado.
Pero la pregunta inevitable es: ¿qué cambió en Antonio Espaillat después de la tragedia?
Cuando ocurrió el lamentable hecho que todos conocemos, su reacción dejó una impresión muy distinta. Para una gran parte del pueblo, se mostró como una persona fría y distante, carente de la empatía que la magnitud del suceso exigía. No hubo una presencia visible en el lugar de los hechos, ni un acompañamiento cercano a las familias afectadas.
En su lugar, difundió un video cuidadosamente producido y guionizado, en el que “expresaba” condolencias, pero que para muchos resultó insuficiente y desconectado de la realidad emocional que vivía el país.
Con el paso de los meses, surgió una percepción aún más incómoda: la de que se intentaba manejar la situación desde lo económico, como si el dolor humano pudiera reducirse a acuerdos o compensaciones. Más de 200 vidas perdidas dentro de su negocio no pueden, ni deben, tratarse como cifras negociables ni como simples daños colaterales de una operación comercial marcada —según múltiples señalamientos— por negligencia.
A esto se suman versiones de personas que afirman haberlo visto en los procesos judiciales con una actitud relajada, incluso sonriendo junto a sus abogados. De ser cierto, ese comportamiento proyectaría una desconexión profunda con el duelo de las familias afectadas, y sería percibido como una falta de respeto difícil de justificar.
Es posible que su poder económico y sus vínculos en distintos espacios le hayan hecho sentirse intocable, casi como un “semidiós”. Sin embargo, la historia —y la sociedad— han demostrado una y otra vez que ninguna influencia está por encima de la justicia divina.
Como expresó Héctor Acosta en una reciente entrevista con Molusco: “Igual que el país, yo quiero justicia”. Y esa frase resume el sentir de toda una nación que aún espera respuestas claras, responsabilidades asumidas y, sobre todo, respeto por las víctimas.(Tomado de Oye Merengue)