Santo Domingo RD.- El legendario cantautor puertorriqueño Danny Rivera convirtió el Salón La Fiesta del Hotel Jaragua en un santuario del romanticismo durante su concierto “Inolvidable”, celebrado por el Día de San Valentín en Santo Domingo.
A casa llena y entre ovaciones, el artista regaló una noche cargada de poesía, memoria y declaraciones que tocaron el alma del público dominicano. Estuvo acompañado por una orquesta compuesta por siete músicos, cuya impecable ejecución aportó elegancia y fuerza a cada interpretación, alternando momentos íntimos en formato de trío con explosiones sonoras en conjunto completo.
“Ustedes son la razón del amor. La razón del amor son cada uno de ustedes, no hay otra manera de ganar”, expresó con voz pausada, mientras hacía una de sus características reflexiones entre canción y canción.
“Hay un gran camino para el amor. Un camino que da a las montañas, un camino que da a la ciudad y un camino que puede dar al océano, que puede dar a la playa”, añadió, arrancando suspiros en una velada donde cada asistente se sintió protagonista. Así le dio paso al tema “Caminito de tu amor”.
Rivera evocó aquellas épocas en que las parejas celebraban San Valentín en el cine. “Se sentían como los protagonistas de esa película… Así que yo lo que quiero hacer hoy es que ustedes se sientan protagonistas de esta película que narra esta canción”, dijo antes de interpretar varios de sus clásicos, logrando que el público cantara al unísono.
Homenaje a Cheo Zorrilla
Uno de los momentos más conmovedores de la noche fue el homenaje al compositor dominicano Cheo Zorrilla, a quien definió como “un amigo que se alejó de la materia y se fue a escribir versos y coplas al pentagrama divino”.
Con profunda emoción lo llamó su “hermano, compadre y compañero de viajes musicales”, resaltando su humildad y su grandeza creativa.
“Musicalmente yo le llamo el Renaissance Man, el hombre del Renacimiento, porque componía en varios idiomas y tocaba muchos instrumentos. Pero el instrumento que más afinaba su conciencia era amar a la gente”, afirmó Rivera, manteniendo vivo su legado ante un público visiblemente conmovido.
La noche avanzó entre anécdotas y complicidad. Antes del medley que incluyó “Contigo” y “Rayito de luna”, así como temas completos como “Cielo”, “Retrato de amor” y “Caminito de tu amor”, invitó a los asistentes a cantar y revivir “momentos inolvidables que se han mantenido en la mente de muchos”.
En esta parte del espectáculo estuvo acompañado por la cantante boricua Mónica Palacios, con quien compartió armonías cargadas de nostalgia.
El repertorio fue un viaje por décadas de éxitos: desde “Amar o morir”, “Mujer abre tu ventana” y “Mi árbol y yo”, hasta “Ódiame”, “Para decir adiós”, “Qué daría yo”, “Con las alas rotas”, “Tu alma golondrina”, y el medley “Tantos deseos de ella/Amada amante”. Cada interpretación fue recibida con aplausos cerrados y coros multitudinarios.
El momento cumbre de la noche llegó precisamente durante “Para toda la vida”, cuando Rivera invitó a todas las parejas del teatro a darse un beso. La escena fue mágica: labios juntos y sonrisas de amor marcadas por la orquesta mientras el artista interpretaba con sentimiento la emblemática canción.
Para despedirse, Rivera invitó a imaginar que todos estaban en una discoteca celebrando el amor “como en aquellos tiempos”. Entre risas y complicidad, cerró con “Libre” y “Cielito lindo”, agradeciendo la entrega del público.
“Vamos a irnos con alegría como comenzamos cantando para que este momento, para todos nosotros, ya sea inolvidable”, dijo antes de bajar el telón.
Y así fue: una noche donde la poesía llevó la voz cantante, la música abrazó corazones y el amor, en todas sus formas, volvió a ser protagonista.