Santo Domingo RD.- Mucho antes de ser aclamado como una de las figuras más originales del merengue típico, Juan de los Santos, mejor conocido como El Krisspy, vivía una realidad muy distinta. Vendía comida junto a su madre frente a una zona franca en Santiago, y usaba la mochila impregnada de aceite de cocina para asistir a clases, donde muchos se reían de él. Lo que pocos sabían era que ese muchacho con olor a fritura, traía consigo un talento que lo llevaría muy lejos.
Nació en Loma de Cabrera el 18 de abril de 1975, la misma tierra que vio crecer a Fernando Villalona, quien más tarde sería su mentor y padrino musical.
Desde niño, Krisspy mostraba un amor innato por la música: cantaba con cucharas en mano, se grababa imitando las canciones que oía en la radio, y soñaba con tener una guitarra. Su padre, sin los recursos para cumplirle ese deseo, le regaló una tambora. Ese gesto, aunque modesto, marcó el inicio de su conexión profunda con el merengue.
La vida le enseñó a luchar temprano. Cuando su familia se mudó a Santiago sin previo aviso, él tuvo que dejar atrás sus amistades, su entorno y sus costumbres. Vivieron en condiciones precarias en un cine abandonado del sector Los Ciruelitos. Su padre, tras sufrir un accidente con un caldero de sancocho caliente, no pudo volver a trabajar igual. Siendo el mayor de sus hermanos, Krisspy asumió el rol de sostén del hogar a muy corta edad.
A pesar de las dificultades, nunca se rindió. Estudió música en la noche y trabajaba de día. Se inscribió varias veces en escuelas de arte, pero el deber familiar siempre lo obligaba a pausar sus estudios. Vendía desde hot dogs hasta CD, cualquier cosa para ayudar en casa. Pero su sueño de dedicarse a la música seguía latente.
Un día, mientras observaba un grupo ensayar en Santiago, se ofreció como tamborero. Aunque al principio lo rechazaron, su insistencia y deseo lo mantuvieron cerca. Cuando el tamborero faltó, le dieron una oportunidad, y desde ahí no lo soltaron más. Luego también comenzó a cantar, demostrando que su talento iba mucho más allá de los instrumentos.
En 1993, tuvo su primera oportunidad profesional con el grupo Expresión Musical, donde presentó temas propios como Me Engañó y Negrita Tú Me Quieres. Luego integró agrupaciones como Barriada, Banda X, y trabajó con reconocidos artistas como Kinito Méndez y Yovanny Polanco, innovando el merengue típico al incorporar instrumentos nuevos como el piano y fusionar estilos modernos con lo tradicional.
Krisspy no solo canta: escribe, compone y transforma. Ha colaborado con artistas como Anthony Santos, Miriam Cruz, El Chaval, y María Díaz, llevando su sello a distintas vertientes de la música popular dominicana.
Con éxitos como La Calambrina, La Querida, Volveré, y Me Gusta la Mujer Ajena, Krisspy rompió esquemas y acercó el merengue típico a nuevas generaciones. En 2005 y 2015 recibió premios Soberano, entre otros reconocimientos en República Dominicana y el extranjero. También dejó su huella en el cine, participando en la película Un Macho de Mujer.
Hoy, con una carrera sólida y una historia de vida que inspira, El Krisspy sigue sonando fuerte, demostrando que los sueños sí se cumplen, sobre todo cuando están respaldados por esfuerzo, humildad y pasión